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El pan que alimenta cuerpo y comunidad: tradición viva en Ecoaldea Tanaj

En la selva de Calakmul, donde la naturaleza respira a su propio ritmo y las tradiciones se transmiten de generación en generación, hay un aroma que despierta recuerdos y antojos: el del pan artesanal de Don Ubaldo, un tesoro gastronómico que hoy es parte esencial de la experiencia en Ecoaldea Tanaj.


Don Ubaldo aprendió a hacer pan a los 16 años, y desde entonces no ha dejado de perfeccionar su arte. Actualmente, comparte este conocimiento con sus hijos, quienes poco a poco van heredando la técnica de esta labor. Más que pan, lo que hacen es mantener viva una tradición que conecta a la comunidad con sus raíces.


Cada pan tiene su historia y su forma. Entre sus especialidades están los tacos rellenos de mermelada, cuernos espolvoreados con queso (¡sí, ese toque de sal complementa lo dulce!), conchas de vainilla, hojaldras y caracoles espolvoreados con azúcar y queso. Cada pieza es única y lleva una dedicación que no se ve, pero se siente en cada bocado.



El proceso comienza muy temprano. Don Uba, como lo llaman con cariño, se interna en la selva para recolectar leña: solo palos secos caídos, en respeto absoluto al entorno. Luego se enciende el horno de ladrillo, que debe calentarse por más de una hora. Mientras tanto, él y sus hijos preparan la masa con harina, la cual debe reposar durante media hora antes de moldearla y decorarla con precisión artesanal. Esta parte, dar forma al pan, es un arte en sí mismo y requiere años de práctica.



Cuando la masa está lista y el horno bien caliente, se retira toda la brasa y se barre cuidadosamente el interior. Solo entonces se comienza a meter el pan, que terminará de cobrar vida con el calor, el humo y el tiempo justo.


Todo este proceso toma más de tres horas y es reflejo de una cultura que valora la dedicación, el sabor auténtico y el trabajo en comunidad.


Este pan se vende en Ecoaldea Tanaj, y al comprarlo, no solo disfrutas de una delicia artesanal, sino que apoyas directamente a la comunidad, contribuyendo al desarrollo local y a un modelo de vida sustentable. Es una forma de decir con el corazón:

“valoro lo hecho con amor, esfuerzo y respeto por la tierra”



 
 
 

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